
En el Mes de la Memoria, la Dirección de Derechos Humanos de la ANEP realizó el Seminario “El arte de la memoria. Testimonios para una Educación en Derechos Humanos”, y presentó una muestra artística sobre la temática. La exposición estará abierta al público en la sede del organismo hasta el 5 de junio.
La exhibición comprende tres instalaciones artísticas simultáneas, montadas en el Edificio ANEP (Av. Libertador 1409), que incluyen láminas, cuadros pictóricos y cartografías narrativas, instaladas por los artistas y curadores Aparicio Abella y Aníbal Lattanzio. Las obras abordan el exilio, el arte y la resistencia en diferentes soportes y representaciones.

Una de las exposiciones titulada: “Posar para la libertad”, consta de una serie de retratos de científicos exiliados en Francia, captados por Pierre-Jérôme Adjedj y Pascale Laborier. “Arte y resistencia” exhibe cuatro lienzos de gran tamaño que abordan diferentes aspectos de la dictadura. Por último, “Rostros del exilio”, presenta retratos fotográficos y biografías de personas exiliadas a raíz de la represión y persecución que sufrieron en sus países de origen.
La inauguración de la muestra propició un espacio de diálogo entre académicos y especialistas de diversas disciplinas y ámbitos, que compartieron reflexiones en torno al cruce entre memoria, arte y testimonios sobre el pasado reciente. Marchelo Tort del área de Memoria y Pasado Reciente de la Dirección de Derechos Humanos, fue el encargado de presentar a los oradores.

Durante la apertura, la consejera del Consejo Directivo Central, Carolina Pallas, consideró: “Este es un mes donde enfatizamos nuestro compromiso con la memoria y la justicia, como valores fundamentales de la vida democrática. Este mes recordamos que hace un poco más de 50 años, la educación pública fue uno de los espacios más afectados por la persecución y la represión. La libertad de expresión, de pensamiento crítico y de construcción colectiva fue jaqueada en la educación. Muchos docentes fueron destituidos, muchos estudiantes fueron reprimidos, silenciados, ejecutados, desaparecidos, solo por organizarse, participar y expresar sus ideas”.
Pallas valoró que cultivar la memoria permite comprender que la democracia debe ser protegida y, en este sentido, la educación desempeña un papel fundamental, “porque en los espacios educativos se construye ciudadanía. Por eso creemos que hablar de memoria no solo es conocer el pasado reciente, también implica hablar del presente y del futuro, y preguntarnos qué valores o qué principios de acción queremos transmitir a las nuevas generaciones, y qué responsabilidades asumimos como comunidad educativa”.

El consejero Julián Mazzoni celebró la posibilidad de formar parte de la conmemoración del Mes de la Memoria, “cuando recordamos a todos los detenidos desaparecidos y, específicamente, los luctuosos acontecimientos de 1976 en Buenos Aires”.
“En 1981 yo estaba exiliado en Quito y el pintor Osvaldo Guayasamín hizo un llamado para expresar a través del arte la solidaridad con los presos políticos del Uruguay. Él redactó una carta y la dirigió a todos los artistas plásticos del mundo y terminamos con una subasta de obras que significó un gigantesco aporte desde el punto de vista económico, para apoyar a los presos políticos en Uruguay. Llamamos a esa convocatoria ‘Arte y solidaridad’, y esto de hoy tiene que ver con aquella experiencia maravillosa”, recordó.

Pedagogía de la memoria
La directora de Derechos Humanos, Nilia Viscardi, hizo énfasis en la importancia de promover este tipo de actividades en el ámbito educativo. “Esperamos que esta muestra pueda seguir recorriendo otros lugares del país en la ANEP y en la Universidad de la República, porque es parte de un diálogo conjunto”, manifestó.
Con respecto a la temática del encuentro señaló que “el problema de la memoria ha tomado escala internacional y hoy en esta muestra podemos abordarla desde las vivencias cotidianas, pero también desde la acumulación de saber y de creación de conocimiento. El arte es un medio de expresión fundamental para transmitir lo vivido, para pensar el rol del arte en sí, y para defender el lugar de un arte crítico que, desde nuestra concepción, ocupa un lugar central en la generación de pedagogías de la memoria”.

Viscardi también informó que junto a la Secretaría de Derechos Humanos de Presidencia trabajan en la sistematización de productos “que puedan dar vida, alimentar y sedimentar las diferentes capas de memoria y las diferentes memorias que existen”.
Por su parte, Lilián Celiberti, presidenta de la Asociación Maestra Elena Quinteros, dio cuenta de la importancia de propiciar actividades pedagógicas que profundicen en los hechos históricos del pasado reciente. “Todavía, a pesar de los 50 años, parece como que tuviéramos que hablar en silencio de lo que nos pasó”.

“Queremos que junio sea un momento en el que el secuestro de Elena y otros docentes exilados y otros que la dictadura dejó sin trabajo, habilite una reflexión pedagógica sobre la memoria, que 50 años después nos parece un tema pendiente, no porque no haya prácticas, sino porque no están sistematizadas, no están divulgadas, no fueron hechas públicas para que realmente se posibilite el diálogo”, sostuvo.
Por su parte, Roberto López Belloso, director de la edición uruguaya de Le Monde Diplomatique, recordó el centenario del nacimiento de Moisés Lasca, “que tiene mucho que ver con lo que hablamos hoy. Moisés Lasca es el gran músico de la Orquesta Sinfónica del Sodre, fundador de Camerata, uno de los grandes intérpretes de violín y viola del Uruguay, pero hay un Moisés Lasca muy joven que siendo estudiante de Magisterio fue el coordinador -dentro de su rol de dirigente del gremio estudiantil de Magisterio- de la primera experiencia de las Misiones Sociopedagógicas uruguayas, en las que también participaron Julio Castro y Miguel Soler”.

En este sentido, destacó que Julio Castro dio cuenta del impacto que tenían las interpretaciones de violín de Lasca en los habitantes de los rancheríos de Caraguatá (Tacuarembó), a donde las Misiones llegaban con su enseñanza. “El arte en su conjunto tiene mucho que ver con la memoria”, valoró.
Más adelante, López Belloso compartió la definición de memoria de la socióloga argentina Elizabeth Jelin, para escenificar el alcance de este concepto. “Cuando hoy hablamos de memoria, nos referimos a la memoria del sufrimiento de las dictaduras, de las violaciones a los derechos humanos, de la criminalidad de un régimen. Es decir que las memorias que se rescatan y que los actores reivindican son, en su mayor parte, memorias de situaciones límite”.

Memoria colectiva
El decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FHCE), Nicolás Duffau, hizo hincapié en el compromiso de la Universidad de la República para con la educación en derechos humanos y su problematización, “también en causas colectivas, como la de la memoria, verdad y justicia”.
Además, destacó el vínculo de la Udelar con la ANEP e hizo referencia a la formación de los estudiantes de posgrado en la FHCE. “Más del 70% de los estudiantes de posgrado de la Facultad de Humanidades son docentes de enseñanza Media o de Formación Docente”.

En relación a las indagaciones sobre el pasado reciente, afirmó que “cualquier proceso o trabajo de investigación en una institución de enseñanza terciaria tiene que partir del respeto irrestricto a los testimonios, a las vivencias, a las memorias para, a partir de ahí, no solo construir conocimiento, sino colaborar y construir una memoria que por más que está atravesada por múltiples interpretaciones, es una memoria colectiva”, reflexionó.
Duffau recordó al sociólogo francés Maurice Halbwachs, quien afirmaba que la memoria individual es el resultado de la memoria colectiva, “siempre recordamos en función de los contextos”. En este sentido, sostuvo que este tipo de encuentros y de manifestaciones públicas tienen que ser promovidos durante todo el año.
“Tiene que ser todos los días y meses del año, más en contextos donde estamos defendiendo lo obvio, que es muy doloroso, que todos los 20 de mayo se tenga que repetir que en este país se persiguió, se torturó, se desapareció, que hubo terrorismo de Estado. Eso también es algo que tenemos que problematizar, porque hay discursos negacionistas que cada vez cobran más fuerza”, sentenció.
Por otro lado, Alejandra Casablanca, secretaria de Derechos Humanos para el Pasado Reciente, también hizo alusión al carácter plural de la memoria y remarcó la necesidad de elaborar una política de Estado en la materia.
“Para poder entender esa memoria colectiva, son múltiples los testimonios, hay mucho trabajo académico detrás, pero políticamente no podemos dejar que el negacionismo invoque algo denominado memoria completa y que lo tengamos que ver en las redes sociales en este mayo, en nuestro país, también en 2026”, alertó.
En relación a la muestra, afirmó que el arte “siempre actúa como una herramienta fundamental para desafiar narrativas oficiales, para sanar traumas colectivos, para recuperar historias silenciadas”.

Arte y reflexión
Aparicio Abella, artista y curador de la muestra “Arte y resistencia”, invitó a visitar la exposición y detalló el contenido y temática de las obras.
“El arte no sirve para terminar guerras, ni los cuadros, ni las obras de teatro, nada puede acabar con un ejército, ni tampoco pueden modificar el mundo los buenos sentimientos o la buena voluntad. El mundo se modifica a los tumbos y de maneras múltiples. Lo que sí puede hacer el arte, es modificar a la gente. Ese esfuerzo que hicimos por recuperar un poquito de una vida que ya no estaba y de ponerla en un lienzo, es también un gesto de amor, de compartir nuestra vida con otros”, valoró.
Por otro lado, Gerardo Bleier, coordinador del Área Educativo Cultural de ANEP, relató su experiencia como hijo de un detenido desaparecido.
“Hace unos años escribí un libro de poesía que se llama ‘Cenizas’, en el que trato desde todos los puntos de vista posibles, la imagen y el impacto emocional y existencial, que tuvo en mí la información que me dio la Comisión para la Paz respecto de que mi padre había sido detenido desaparecido durante un período muy prolongado, había sido desenterrado y vuelto a desaparecer, cremado sus restos y dispersas sus cenizas en algún arroyo”, relató.

Bleier recordó cómo esa información no solo generó una fuerte conmoción en él, sino también en la sociedad, ya que a partir de este hecho se dio conocimiento de la llamada “Operación zanahoria”, “que como todos saben después se demostró falsa, porque la lucha por dar con los restos de los desaparecidos continuó, se perfeccionó en algunos sentidos, y se logró excavar. Entonces aparecieron los restos de mi padre en el Batallón 13 donde estuvo siempre enterrado, mientras lo buscábamos durante 43 años”.
“Toda aquella imagen, todo aquel esfuerzo emocional e intelectual por tratar de comprender, adquirió una nueva relevancia frente a los hechos objetivos reales y la aparición de sus restos. Hace muchos años que intento escribir el poema post ‘Cenizas’ y no puedo. Esta pequeña historia sin embargo, he aprendido a albergarla como un patrimonio entrañable, porque dice cosas sobre la voluntad de vivir, sobre la voluntad de contribuir a mejorar la sociedad para que todos puedan tener la opción de darle sentido a su vida”, reconoció.