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Especialistas ofrecieron recomendaciones para enfrentar situaciones de violencia

El grupo de trabajo de Salud Mental, coordinado por la División de Salud Estudiantil de la Dirección Sectorial de Salud de la ANEP, promovió el conversatorio “Mensajes amenazantes e intimidatorios en centros educativos: un llamado necesario a la reflexión”, donde ofreció recomendaciones para fortalecer los mecanismos de prevención.

Ante los recientes episodios de amenazas dirigidas a centros educativos, que generaron preocupación e impacto en los estudiantes, familias, equipos educativos y en la sociedad en general, el grupo de trabajo de Salud Mental promovió un encuentro con el objetivo de propiciar un espacio de análisis y reflexión plural.

Durante la apertura, el presidente de la ANEP, Pablo Caggiani, recordó que a raíz de la aparición de las amenazas de tiroteos en más de 100 instituciones, se produjo una situación inédita para el Uruguay, que activó una rápida respuesta en relación al mantenimiento de la seguridad.

“Estamos frente a un fenómeno nuevo, que no es más que la manifestación de un conjunto de aspectos estructurales propios de la edad o de la época, pero que anuda conflictos novedosos para la educación y nos plantea una zona gris en lo que refiere a la intervención educativa”, reflexionó.

Caggiani hizo hincapié en que este tipo de situaciones perjudican mayormente a aquellos estudiantes que padecen vulnerabilidades sociales, “ya sea por salud mental, alimentación, asistencia, cuidados, aprendizajes o por las múltiples razones por las que no estar en lo educativo perjudica a los estudiantes”.

“Tenemos que reflexionar y aprender para ver cómo intervenimos y cómo escuchamos a los gurises, porque nos están diciendo algo y si no los escuchamos bien esta vez, nos lo van a volver a decir”, concluyó.

Por su parte, la directora Sectorial de Salud, María Laura Rovella, destacó la oportunidad del intercambio y de la reflexión en torno a lo sucedido.

“Esto no apunta a buscar culpables o señalar para ver quién tiene el problema, sino a poder reflexionar como educadores y docentes, cómo estamos posicionándonos frente a esta realidad y cuestionar nuestras propias prácticas. Por suerte ya se están impulsando varias iniciativas en torno a este tema. Desde la salud, nos parece muy importante hacer esta reflexión y trascender para ver qué nos quieren transmitir los adolescentes”, afirmó.

Derechos y convivencia

La directora de Derechos Humanos, Nilia Viscardi, ofreció una exposición titulada “Enfoque de derechos y convivencia”.

Viscardi inició su presentación visualizando el nuevo espacio que ocupan las tecnologías, que añaden una nueva capa de realidad, que si bien excede el tiempo escolar, también lo integra y afecta.

En este sentido, analizó que la esfera mediática amplifica una forma de copresencia que incide en el ámbito público. De acuerdo a la directora, a partir de las nuevas plataformas digitales, es posible generar situaciones como la producida por las amenazas, “en un país donde no han existido los fenómenos de tiroteo en los centros educativos, no porque no tengamos problemas de tiroteos, sino porque se trata de fenómenos mucho más vinculados a una acción individual muy espectacular, muy violenta, que no suele estar precedida de avisos”.

La especialista consideró que es precisó reflexionar sobre la violencia comunitaria, qué se conoce sobre la seguridad en los entornos, y preguntarse qué programas eficientes del Estado inciden en disminuir la violencia de los jóvenes a nivel territorial y comunitario. “Eso es algo que de alguna manera pone en escena el rol de los equipos comunitarios que están en el territorio y en los entornos, y que muestra el impacto de programas como los CAIF o Maestros Comunitarios, que no tienen por objetivo directo reducir la violencia, pero que inciden indirectamente en ella en tanto son equipos presentes en el territorio”.

Reflexión colectiva

Por su parte, la directora de la División Salud Estudiantil, Carolina Ponasso, abordó diferentes cuestiones relacionadas con la reflexión que necesariamente debe instalarse a raíz de lo ocurrido. En primer lugar, indicó que es necesario reconocer las formas de violencia y luego comprenderlas, “porque pensarlas constituye en sí misma una acción en prevención”.

De este modo, señaló que indagar en lo ocurrido, permitirá elaborar estrategias de intervención que trasciendan las acciones sancionadoras o punitivas.

Ponasso planteó que una buena convivencia dentro del centro educativo constituye un factor protector frente a estas situaciones.

Con respecto a las intervenciones educativas que deberían ser implementadas, dio cuenta que estas tienen que ser coherentes institucionalmente, participativas y colaborativas, donde se considere la voz de los estudiantes. “También es muy importante lo lúdico expresivo para que pongan en juego sus emociones, ya que esto nos atraviesa a todos: familia, sociedad, comunidad educativa y estudiantes”.

Además, aseguró que es clave fortalecer la figura del docente y de los referentes adultos significativos, que brinden “disponibilidad afectiva, claridad en la función que ejercen, contención y que habiliten la palabra, porque la idea es que se restituya simbólicamente la función del centro educativo como lugar seguro no librado a la incertidumbre, y que siga siendo productor de sentido”.

También destacó que frente a estas situaciones, es importante desestimar la circulación de rumores, hipervigilancia y las interpretaciones, acusaciones y juicios de valor. Asimismo, las intervenciones deben sortear la indiferencia y el reduccionismo. “La institución debe actuar con responsabilidad, coherencia y fortalecer la prevención”.

Tiempos de viralización

El encargado del Departamento de Salud Mental, Federico Melián, centró su exposición en la realidad de los “Centros educativos en tiempos de viralización. Comprender las amenazas sin amplificar el miedo”.

El psiquiatra infantil también coincidió en que lo prioritario frente a este tipo de hechos, es comprender por qué suceden. “Estos mensajes no surgen en el vacío, son expresiones que seguramente hablan de malestares, de búsqueda de pertenencia, de formas de actuación propias de la adolescencia, y parte de un ecosistema digital que amplifica gran parte de lo que viene sucediendo”.

“Los centros educativos necesitamos ocupar un espacio que brinde un sentido de pertenencia y colaboren en la construcción de comunidades educativas con cada uno de los sujetos, no solo con los educadores y estudiantes, sino también con las familias. Las redes sociales funcionan como un escenario donde cada gesto puede multiplicarse en segundos, donde cada comportamiento de grupo que se anonimiza empuja a acciones que individualmente no se realizarían”, explicó.

Para Melián, estas situaciones reflejan una necesidad de cambio por parte de los adolescentes. “Lo que nos están queriendo decir es que algo cambie, no sé qué. Que cambie el liceo, que cambien los profes que tengo, que cambien los compañeros, que cambie yo, pero algo tiene que cambiar y en esto nos tenemos que poner todos a pensar”.

El especialista afirmó que la promoción de bienestar en salud mental implica generar vínculos significativos, que solo son posibles si se fortalece la escucha, se habilita la participación, se trabaja en una alfabetización emocional y en un lugar donde las familias sean acompañadas y puedan comprender qué está sucediendo.

“Desde la convivencia debemos sostener normas claras, pero también procesos restaurativos que permitan comprender el daño, reparar y reconstruir la confianza. Y necesitamos que cada estudiante sienta que su voz y presencia importan”, subrayó.

Por último, realizó un llamamiento a proveer de espacios de aprendizaje socioemocional durante toda la trayectoria educativa. “Creo que es más que necesario pensar en términos integrales de bienestar, porque el ciudadano del siglo XXI no es solo aquel que ejerce concientemente su voto, sino también quien se cuida, logra un bienestar personal y colectivo, y eso se aprende desde los primeros momentos que uno pone un pie en la educación pública”.

Situación de crisis

“¿Son los mensajes amenazantes una situación de crisis?”, fue la pregunta disparadora de la ponencia de Stefan De Cuadro, experto en situaciones de crisis.

Para De Cuadro, lo acaecido representó una situación de crisis para los centros educativos que sufrieron las intimidaciones.

“Brasil ha vivido más de 40 situaciones de tiroteos en centros educativos desde el 2002 a la actualidad. El último fue el 5 de mayo. No es una situación tan lejana geográficamente como la podíamos vivir en otros tiempos”, reflexionó.

De Cuadro indicó que la aparición de los mensajes en varios países, coincidió con la fecha en que se perpetró la matanza de Columbine en Estados Unidos, el 20 de abril de 1999.

“El riesgo de que estos hechos ocurran se produce cuando se entrelazan tres fenómenos: tiende a darse una tensión inicial y una necesidad de relajar esa tensión, hay un proceso de imitación -que no es lo mismo que contagio- y de mediación digital. A nivel sistémico, estructural, algunas investigaciones sociológicas asocian estos fenómenos siempre a contextos de inseguridad económica y vulnerabilidad social”, detalló.

El otro fenómeno que tiene que ver con lo educativo, prosiguió, está relacionado con la instalación en estas comunidades y en ciertas personas, de un fuerte descreimiento en el proyecto educativo como garantía de un futuro mejor. “Se sienten desprotegidos respecto a sus adultos de referencia y descreídos de que las instituciones educativas puedan ayudarlos más adelante en su vida. Se crea un entorno de desesperanza”.

Asimismo, apuntó que a nivel individual, casi todos los jóvenes proclives a involucrarse en estas situaciones, comparten una historia marcada por el maltrato, el abuso, el abandono, la negligencia y el no acompañamiento y apoyo de los adultos y referentes. “Aparece allí la exclusión como un aspecto que va a generar una búsqueda de identidad y pertenencia en otros espacios que no son el educativo, el familiar, el barrial”.

De esta manera, sostuvo que los entornos digitales son catalizadores tanto de las amenazas, como de los tiroteos en sí. “Los jóvenes con estas características se retiran hacia contextos digitales que incrementan el riesgo de que se desencadene una expresión o una conducta violenta. La digitalización ha facilitado la formación de una subcultura global digital de promoción de los tiroteos en los centros educativos”.

Con respecto a los mensajes en Uruguay, indicó que hay evidencia que sugiere que el texto fue promovido desde determinadas plataformas y constituía una especie de reto.

“Necesitamos acercarnos al mundo digital, a los jóvenes y a los niños y hablar horizontalmente con ellos, escucharlos y mantener un diálogo genuino, y no esperar que otro resuelva el problema. Más que adoptar acciones punitivas, es necesario formarnos y formar a los jóvenes que interactúan a través de estos medios, para que sean participantes activos y hagan de contrapeso a los mensajes que allí se difunden”, sentenció.

Entornos digitales

Por último, Cecilia López, integrante del grupo Pensamiento colectivo, ofreció algunas reflexiones a instancias de los mensajes de violencia en entornos digitales.

López dijo que es necesario complejizar este fenómeno y trabajar en el entorno digital. “Es urgente borrar el concepto de nativos digitales, como este mito de que los gurises que nacen en un contexto digitalizado, tienen las herramientas para poder manejarse en ese ámbito. No tienen las habilidades ni instrumentales ni fundamentales, sí la mayoría de las plataformas tienen una manera muy intuitiva, pero no necesariamente contamos con las habilidades para poder manejarnos de una manera responsable, segura, crítica y reflexiva”.

Además, señaló que hay que entender que para los adolescentes existe un continuo entre lo que pasa en línea y fuera de línea. “Para entender que cuando hablamos de convivencia en centros educativos, lo que pasa en internet también pasa a ser parte de la convivencia en el centro educativo”.

En este sentido, consideró que si bien existen políticas tendientes a regular el uso de los dispositivos móviles en los centros educativos, “hay que entender que retirar esos dispositivos, no significa que tenemos que ignorar el entorno digital y lo que suceda allí”.

López también se refirió a los obstáculos que imponen lo que denominó las “brechas algorítmicas”, que implican grandes diferencias entre los consumos digitales de los niños, adolescentes y adultos, lo que complejiza conocer a qué tipo de contenidos están expuestos los jóvenes.

Sin embargo, remarcó que el diálogo debe ser la principal herramienta para subsanar esta carencia. “Los adolescentes están creciendo y se están formando en un mundo, donde una gran parte de su vida es lo que ven y consumen en sus entornos digitales”.

Por último, dio cuenta que en la actualidad se vive una “gangsterización de la cultura”, en la que se tiende a idolatrar a las personas que tienen dinero. “Hay una cuestión de qué es lo que vale, lo que está de moda y los distintos discursos de plata fácil y de obtener dinero de forma rápida”.

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