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Infancias en juego: ¿qué nos estamos jugando?

Publicado: 
23/06/2022

 

 

La psicomotricista Claudia Ravera ofreció el conversatorio “Infancias en juego: ¿qué nos estamos jugando?” en el que expuso acerca de la importancia que tiene el juego en el desarrollo de los niños, y de cómo los adultos deben acompañar las instancias que lo involucran. Estas acciones son fundamentales porque su impacto tiene una incidencia directa en el futuro.

Durante la apertura del conversatorio, que fue organizado por la Unidad de Análisis e Intervención de la Dirección de Derechos Humanos del Consejo Directivo Central, la directora de esta Unidad, Carolina Ponasso, resaltó la importancia del juego que contribuye al “desarrollo integral del ser humano”.

“Entendemos al juego como esencia de lo humano, y al acto de jugar y jugarse como lo más humanizante que tenemos y que la educación debería tener presente. Más aún en una época donde la tecnología instaló nuevas formas de producir subjetividad, de aprender, de estar y de ser en el mundo, de conocernos y más que nada problematizar esta etapa que estamos viviendo y lo que significa hoy el juego para el niño y el adulto”, manifestó.

Por su parte, la directora de Derechos Humanos del CODICEN, Gloria Canclini, valoró que esta instancia constituye “un disparador, porque en estos encuentros lo que realmente produce resultados es el intercambio entre todos. La Dirección de Derechos Humanos abre las puertas para que nos encontremos en el espacio virtual o presencial e intercambiemos experiencias, demandas, problemas y también busquemos soluciones”.

Canclini se preguntó: “¿cuáles serán las habilidades que tenemos que cultivar desde el aula para esos pequeñitos que confían en nosotros y cuyo mundo aún no está definido? Poner el foco en el juego y en jugar es muy importante, ya que el ser humano aprende a través del juego”.

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Jugar con compromiso

La especialista Claudia Ravera indicó que para hablar de la infancia y del juego “tengo que estar comprometida emocionalmente y disponible, porque cuando uno trabaja con niños y niñas no siempre está disponible. Pocas veces uno dice se alinearon los astros, la mayoría de las veces tenemos problemas personales y tenemos que sumergirnos en la infancia, disfrutar de estar allí con ellos y saber que los niños son grandes meteorólogos de nuestros estados emocionales. Tenemos que ser fuertes y buscar redes de sostén para que eso sea posible”.

Ravera expresó que no es posible hablar del juego sin definirlo primero. “¿Es una capacidad? ¿Se enseña? Es tan impensable el desarrollo, la construcción subjetiva, el crecimiento, la maduración sin juego? ¿De qué juego hablaremos? El juego del que hablaremos es el juego que produce subjetividad, que se genera en una interacción intersubjetiva”.

La profesional comenzó su presentación describiendo las actuales presiones que padecen los niños, entre las que enumeró el poco tiempo que pasan con los padres, la imposibilidad de hacer uso de espacios públicos, viviendas pequeñas, exceso de actividades extraescolares, y exceso de juguetes y de horas frente a la pantalla en soledad.

“A los niños les cuesta cada vez más pasar del juego sensoriomotor hacia el juego simbólico y de este hacia actividades de representación. Madres y padres experimentan y expresan un no saber cómo desplegar su función parental”, reflexionó.

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Con respecto a la intervención de los padres en los juegos indicó que “no hay que meterse tanto, hay que encontrar un equilibrio”.

“La función materna y del educador está muy desvalorizada en esta cultura del vértigo. Nos tenemos que hacer saber que esto que parece obvio, acerca de cómo interactuar con un bebé, sin objetos, con el rostro, con el cuerpo, con emociones, esperando y escuchando, es fundamental”, afirmó.

Ravera destacó el valor del juego como una actividad estructurante ya que se implica en los procesos de subjetivación; una actividad placentera, creativa y exploratoria, ya que se deja marcar por el mundo exterior para explicarlo e integrarse en él. También destacó su aporte como una actividad elaborativa de conflictos y de transformación de lo vivido.

“Todo lo que podamos hacer con los niños para esta llama de la vida, de la curiosidad, del asombro, del protagonismo siempre echará buenas raíces y esa es nuestra etapa. El juego es la maravillosa función en donde vamos a encontrarnos, por lo menos yo juego junto con ellos cuando los veo jugar, porque me transporto. Como decía Víctor Guerra, los niños nos regalan su infancia”, señaló.