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"Palabras que encuentran mundos": cuentos sobre historias de migración

Publicado: 
12/06/2019

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"Palabras que encuentran mundos" es el nombre del libro compuesto por los catorce relatos vencedores del concurso "Las personas migrantes y los derechos humanos". El mismo narra desde la mirada de niños, niñas, jóvenes y adultos, las dificultades y situaciones que enfrentan aquellos que deben inmigrar a otro país. El trabajo es una herramienta fundamental para reflexionar sobre la migración en las aulas.

Esta iniciativa fue promovida por el Sistema Nacional de Educación Pública –que integran ANEP, MEC, UDELAR, UTEC y Secretaría de Derechos Humanos de Presidencia–, y contó con el apoyo del Departamento de Formación de Plan Ceibal, Plan Nacional de Lectura de la Dirección de Educación del Ministerio de Educación y Cultura y la Secretaría de Equidad Étnico-Racial y Poblaciones Migrantes de la Intendencia de Montevideo, entre otras instituciones. 

En el último tiempo Uruguay ha experimentado un fenómeno masivo del que fueron testigos nuestros abuelos a mediados del siglo XX: la migración. En los últimos cuatro años Uruguay aprobó aproximadamente 52.000 residencias a extranjeros.

Esto nos impulsó a compartir nuevos mundos y costumbres con los recién llegados. En lo que atañe a la Educación Pública miles de niños, niñas y jóvenes se han incorporado a nuestros salones de clase, y han propiciado una integración que no ha estado exenta de dificultades de adaptación.

El concurso, que evoca experiencias reales o ficticias, recibió 106 cuentos escritos por personas de todas las edades partiendo desde los cinco años. La ternura, inocencia, la salida forzada del país de origen y la amistad, son algunos de los valores y vivencias que se reflejan en este libro.

Durante la presentación algunos de los autores contaron de dónde surgió la inspiración para crear sus historias. En casi todos los casos las experiencias propias o cercanas motivaron la escritura.

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Los protagonistas

Nicolás Jara tiene diez años y escribió el cuento “El niño de Brasil”, que recrea una historia personal que destaca la amistad y la apertura. “Fue bastante fácil escribirlo porque ya lo había vivido. Me dio mucha alegría”.

Nicolás recibió en su escuela a un compañero de Brasil y recordó que “nos fuimos haciendo amigos cuando arrancamos tanjarinas de una tapera”. Por último, reflexionó que “nos tenemos que ayudar los unos a los otros sin importar de dónde seamos”.

“Mi primer año en la escuela” fue escrito por una mamá venezolana, María Eugenia Contreras, quien vivió el proceso de adaptación a Uruguay y sus costumbres junto a su hijo. “Los hijos son la principal razón por la que inmigramos, y a la vez la mayor causa de nuestros miedos”, expresó.

En su relato María Eugenia cuenta en tono jocoso las vicisitudes a las que se enfrentó para aprender a hacer la moña de su hijo o entender qué era una milanesa. “El sistema educativo público es una fuente primaria de formación de cultura ciudadana para los niños migrantes. Son alumnos en la escuela y son maestros en la casa, porque nos enseñan”, afirmó.

Victoria Carballo de once años de edad, escribió “Importante: jugar y tener amigos”, un cuento en el que plasmó una historia que le ocurrió en la feria con sus padres. La niña narra el impacto que sufrió al conocer a dos niños trabajadores que ante su sorpresa, no le devolvieron el saludo. Su mamá le explicó que se trataba de niños que huyeron de la guerra de Siria. En su historia, Victoria deja bien en claro sus deseos de ayudarlos y de ser su amiga.