Dependiendo del marco teórico al que remitamos las expresiones discurso referido y discurso reproducido pueden ser empleadas como sinónimos o referir a fenómenos emparentados pero con matices específicos. Para este caso no establecemos diferencias entre ambas por lo que deben ser entendidas como sinónimos.

El discurso reproducido o referido implica «construir una representación de palabras ajenas, transponiéndolas de un sitio a otro (de un discurso a otro)» (REYES, Graciela, 1996:7). Los procedimientos que se emplean para la reproducción del discurso ajeno en el propio básicamente son dos: el discurso o estilo directo y el discurso o estilo indirecto.

Mediante el estilo directo las palabras del discurso ajeno se reproducen de forma literal, es decir, sin modificación alguna. De esta forma se logra mayor ilusión de realidad o mayor verosimilitud. La lógica del estilo directo es, en cierto sentido, la lógica de la cita textual. De esta manera, una situación de comunicación se inserta o se ensambla con otra. La primera enunciación es la que realizaron los personajes en su tiempo y su espacio. La segunda, es la que realiza el narrador cuando cuenta la historia y repite lo que los personajes dijeron en otro tiempo y otro espacio. Observemos un ejemplo:

(1) Sin alzar los ojos del instrumento, donde parecía buscar algo, el negro dijo con dulzura:
    —Ya sabía yo, señor, que podía contar con usted.
    El otro, con voz áspera, replicó:
    —Y yo con vos, moreno. Una porción de días te hice esperar, pero aquí he venido.
    Hubo un silencio. Al fin, el negro respondió:
    —Me estoy acostumbrando a esperar. He esperado siete años.
    El otro explicó sin apuro:
    —Más de siete años pasé yo sin ver a mis hijos.

Borges, El fin.


En el fragmento de Borges la voz del narrador —la voz que enuncia lo narrado— introduce la voz de los personajes. Al hacerlo se vale de verbos de comunicación como dijo, replicó, respondió, explicó, también denominados verbos de decir o de lengua. Estos refieren la actividad verbal llevada a cabo por el hablante. Gráficamente, el discurso del personaje se inserta en el discurso del narrador mediante la aparición de comillas o de la raya, que en este caso está antecedida por los dos puntos.

En el estilo directo cada discurso conserva sus propias marcas de enunciación, por lo tanto, los pronombres, verbos y adverbios hacen referencia deíctica hacia la situación enunciativa en la que fueron dichos:

(2) Había una puerta con una lamparilla naranja en lo alto. «Cámbiese», dijo el hombre de gris alcanzándole su traje. Casi sin darle tiempo de ponerse la chaqueta, abrieron la puerta de un puntapié; el empujón lo sacó trastabillando a la acera, al frío de un callejón que olía a basura. «Hijos de perra, me voy a pescar una pulmonía», pensó Rice, metiendo las manos en los bolsillos.
Cortázar, Instrucciones para John Howell.

En este texto, lo dicho (o pensado) por los personajes fue enunciado en una situación comunicativa distinta de aquella en la que enuncia el narrador. Las coordenadas espacio-temporales que enmarcan el enunciado original «Cámbiese» son distintas de las coordenadas espacio-temporales en las que habla el narrador. El narrador aquí y ahora repite literalmente lo que dijo el personaje en otro lugar y en otro momento. Si el narrador, en lugar de reproducir literalmente, optara por relatar él mismo lo dicho por el personaje, debería adaptar el enunciado y ello modificaría las marcas de enunciación. Veamos: 

Estilo directo

Estilo indirecto

El narrador reproduce las palabras del personaje.

El narrador relata lo dicho por el personaje.

Cámbiese, dijo el hombre de gris...

El hombre de gris le ordenó que se cambiara.

Hijos de perra, me voy a pescar una pulmonía, pensó Rice...

Rice pensó que se iba a pescar una pulmonía. Rice pensó que iba a pescarse una pulmonía.

Como puede observarse en el cuadro, en el pasaje del estilo directo al estilo indirecto los cambios afectan a las formas verbales y los pronombres. También se modifican los adverbios de lugar y tiempo como aquí y ahora.

Mientras en el estilo directo se reproducen tanto el contenido como la forma de los enunciados ajenos, a través del estilo indirecto se reproduce el significado sin citar textualmente las palabras del otro. En este caso, la enunciación primaria se introduce en una enunciación secundaria mediante la presencia de un verbo de lengua seguido por la conjunción que. En el siguiente ejemplo se observa cómo el discurso del personaje, Diego Ponce de León, se inserta en el discurso del narrador mediante una construcción de este tipo.

(3) Cuando los vio por primera vez, Diego Ponce de León dijo que la pequeña tenía talento y que quizá fuera una gran escultora. Otro día declaró que sería bueno enviar a Pepa a Buenos Aires a que estudiara en un taller, acaso el de su amigo Lucio Correa Morales. Dijo también que se ocuparía de mandarla, pero de inmediato lo olvidó. Siempre estaba olvidando lo que ofrecía.
Mujica Lainez, Rival.

Se observa en el texto de qué manera la reproducción de los dichos del personaje se realiza desde el sistema de referencias del narrador y no desde el sistema de referencias de Diego Ponce de León. El tiempo, el espacio y la persona no son los propios de la enunciación del personaje sino que son los del narrador: «Dijo también que se ocuparía de mandarla» ← me ocuparé de mandarla.

En el § 28.2.2 de la Gramática del español para maestros y profesores del Uruguay se puede profundizar sobre esta temática.

A modo de síntesis

Discurso directo

Todo discurso directo está constituido por una expresión introductora (que contiene un verba dicendi o verbo de decir conjugado) y una cita directa (que debería estar marcada tipográficamente por rayas o comillas), que es siempre reproducción literal de un enunciado. La expresión introductora y la cita directa están separadas por una pausa, marcada tipográficamente por los dos puntos. Se subrayan el verbo de decir y la cita en los ejemplos:

(2) Ni bien entramos el Loco enderezó hacia un mostrador encima del cual un cartel anunciaba «Registro Civil». (…) Esperamos un rato y el tipo ni pelota, hasta que el Loco va y le dice:
Vengo a inscribir un pibe, señor.

Prego, Uno quiere saber.


(3) Un fama trabajaba tanto en el ramo de la yerba mate que no-le-quedaba-tiempo-para-nada. Así este fama languidecía por momento y alzando-los-ojos-al-cielo exclamaba con frecuencia: «¡Cuán sufro! ¡Soy la víctima del trabajo, y aunque ejemplo de laboriosidad, mi-vida-es-un-martirio!».

Cortázar, Never stop the press.


Discurso indirecto

El discurso indirecto, grosso modo, sería cualquier procedimiento de cita no literal. Está constituido por una expresión introductora, que contiene un verbo de decir conjugado, y una cita indirecta, cuya marca es generalmente la conjunción que, y que está subordinada al verbo de la expresión introductora. Son los elementos subrayados en el ejemplo:

(4) Y dijo, en realidad dijo poca cosa, que nadie le había sobado la cara en su vida, que no dejara que nadie lo hiciera nunca, alguna caricia de mujer cuando más, (...).

Delgado Aparaín, Causa de buena muerte.


Decir es el verba dicendi por antonomasia: es neutro en relación al tipo de información que aporta sobre el acto lingüístico. Otros, como pensar, intuir, susurrar (cuando son usados como tales), además de introducir la cita, incluyen información que condiciona la manera de interpretar el enunciado. Por ejemplo,

(5) Me dijo: «No quisiera hablar con tus padres».

(6) Me advirtió: «No quisiera hablar con tus padres».

Discurso indirecto libre

Se suele diferenciar, además, un tercer procedimiento que es el estilo indirecto libre. Es característico del lenguaje literario: refiere a la descripción de los contenidos de la conciencia en la que confluyen el punto de vista del narrador y el del personaje. Es decir, lo dicho puede ser la reproducción de un discurso por parte del narrador o puede corresponderse con el monólogo interior del personaje. Se subraya el estilo indirecto libre en el ejemplo:

(7) Lisa se acercó al sofá y miró dentro del moisés. Tal como había supuesto, allí estaba Berto.
Contempló con mala cara a su hermanito. En la cabeza, casi no tenía pelo, solo una pelusilla suave. Pero ya le saldrían rizos y una sirena en la tripa, claro que sí, como a las mellizas. Muy pronto podría berrear, ¡y a todo volumen!
Y siempre, siempre, siempre, Lisa tendría la culpa de todo.
—¡No me gustas! —dijo Lisa—. ¡No me gustas lo más mínimo!

Recheis, Lisa y el gato sin nombre


Como el receptor no tiene certeza de a quién corresponde lo enunciado, el estilo indirecto libre es un mecanismo discursivo que siempre supone una ambigüedad comunicativa. Ha sido definido como a medio camino entre el discurso directo y el indirecto, ya que presenta características de ambos procedimientos. 

Prof.a Alejandra Galli y Mag. Macarena González Zunini

 

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