Definimos texto a partir de la propuesta teórica de Beaugrande y Dressler (1981). Esta definición toma en cuenta los aspectos lingüísticos y de forma, tradicionalmente asociados a este concepto, pero también hace hincapié en el contexto, es decir, el productor, el receptor y las circunstancias que rodean al mensaje. Según estos autores debe haber un equilibrio convergente entre los aspectos resaltados por la tradición de la gramática textual y el uso, ya que «la adecuación de un texto depende de si se establece o no un equilibrio entre el uso que se hace de un texto en una situación determinada y el modo en que se respetan las normas de textualidad». (Beaugrande & Dressler, 1981: 46).

Así, entendemos el texto como un acontecimiento enunciativo que debe cumplir con siete normas para considerarse un artilugio comunicativo genuino. Dos de ellas refieren al ámbito de la textualidad. Es decir, son normas que se centran en el texto (coherencia y cohesión), y en las que podemos distinguir dos niveles: un nivel sintáctico o de superficie y un nivel semántico o profundo, ambos íntimamente relacionados con la construcción del significado, aunque analíticamente autónomos. Las cinco normas restantes (intencionalidad, aceptabilidad, informatividad, situacionalidad e intertextualidad) están centradas en los usuarios del texto, es decir, en el productor y receptor, y en el contexto.

Coherencia

Refiere a cómo están configurados los conceptos y sus relaciones en el texto. Es decir, la coherencia refleja las jerarquías y diferencias según los niveles de importancia de las ideas (principales y secundarias). Un texto es coherente en tanto puede ser percibido como una unidad comunicativa y no como una sucesión de enunciados inconexos. Para ello, tanto el texto como el lector deben construir y actualizar los elementos que permiten la comprensión según la secuencia de aparición de la nueva información.

Cohesión

Hace hincapié en las diferentes formas lingüísticas en que pueden conectarse entre sí diversas secuencias que integran la superficie textual. Es la manifestación lingüística de la coherencia, que se revela a partir de diversos recursos cohesivos (referencia, sustitución, elipsis, nexos, recursos léxicos, etc). Estos recursos son las señales que marcan las conexiones entre enunciados y por lo tanto hacen que una secuencia de oraciones u otras construcciones se mantenga unida. Estos permiten al lector hacer una reconstrucción del sentido que el autor le dio al texto.

Intencionalidad

Se relaciona con la actitud del productor textual, las formas que utiliza para que el mensaje logre una transmisión de ideas acorde a sus necesidades comunicacionales y a la textualidad.

Aceptabilidad

Se vincula a la manera en que el receptor encuentra en el texto un material de relevancia. Los autores plantean que «una de las metas propias del receptor textual es el mantenimiento de la cohesión y la coherencia, puesto que tiene la potestad de tolerar las imperfecciones formales que presenta el material textual hasta donde sus propios intereses se lo aconsejan. En este mismo sentido, la operación de hacer inferencias (…) demuestra de un modo contundente cómo los receptores apoyan el mantenimiento de la coherencia mediante la realización de sus propias contribuciones al sentido del texto». (Beaugrande & Dressler, 1981: 41-42)

Informatividad

Se relaciona con el mensaje que transmite el texto y la forma en que lo hace (por ejemplo, ser novedoso o reiterativo). Refiere al aspecto informativo de la comunicación.

Situacionalidad

Todo texto se enmarca en un contexto comunicativo, por tanto será necesario que este cumpla con las normas de la situación en que se genera la comunicación. Los autores mencionan como ejemplo el hecho de que un cartel de PARE puede ser la forma más apropiada para transmitir un mensaje en la vía pública, aunque sea una versión minimizada de información.

Intertextualidad

Refiere a los aspectos cognitivos que hacen que la utilización adecuada de un texto derive del conocimiento previo que se tenga de otros textos. Según los autores, «[e]n ciertos tipos de textos como la parodia, las reseñas críticas, la contra argumentación o los informes, el productor textual ha de consultar continuamente el texto principal para construir su discurso (…), y, con toda seguridad, los receptores textuales necesitarán conocer el texto previo para entender el texto actual» (Beaugrande & Dressler, 1981: 45).


Lic. Luciana Aznárez 

Léase también

Glosario - Lectura 3, 4 y 5 años
Glosario - Escritura 1° y 2° grado
Glosario - Lectura 5.° y 6.° grados