Tal como lo define el Diccionario de la Real Academia Española, el hipertexto es el «[c]onjunto estructurado de textos, gráficos, etc., unidos entre sí por enlaces y conexiones lógicas».

Etimológicamente la palabra hipertexto está compuesta por el prefijo hiper- y por la palabra texto. Tal prefijo deriva del griego hyper (ύπέρ) que significa «sobre», «encima de», significado que se ha ido resemantizando y que actualmente denota, además, «superioridad», «exceso».

Por otro lado, el término hipertexto fue acuñado en el campo de la electrónica por T. H. Nelson quien lo utilizó para denominar tanto a textos electrónicos como a una tecnología informática nueva que permitiría una novedosa modalidad de edición.

Actualmente, se define hipertexto como un texto de grandes dimensiones, que excede su propio espacio extendiéndose y bifurcándose (Avendaño, 2000:77). Es decir que es un gran tejido, una enorme red o entramado conformado por muchos textos que se vinculan a través de enlaces.

Escritura hipertextual

Para desarrollarla se utilizan formas de organización textual que solo son posibles en el espacio virtual por el volumen de la información que se puede vincular y por las herramientas que habilitan a conectar un texto con otro que son proporcionadas por algunos programas informáticos adecuados para esa tarea. Por lo tanto, se puede afirmar que el hipertexto requiere un modo diferente de escritura: la escritura hipertextual. Se caracteriza por no ser lineal ni secuencial. Consiste en una escritura en red, que utiliza unidades básicas a las que se llama nodos o lexias, unidos entre sí por nexos a los que se les llama hipervínculos o enlaces (en inglés, links), y que se visualizan a través de ventanas.

Nodos y enlaces

Los nodos son bloques de información formados por escritura, imágenes, videos y sonidos, es decir que su contenido puede o no ser verbal. Un nodo puede ser una palabra, un párrafo breve o un documento completo y extenso, un gráfico o un mapa.

A su vez, los enlaces o nexos electrónicos sostienen al hipertexto pues establecen la interconexión y hacen posible generar la red o entramado de nodos. Los enlaces deben poseer como característica fundamental la bidireccionalidad, propiedad que permite al lector avanzar y retroceder en los caminos de lectura que va eligiendo. Estos nexos unen nodos externos así como nodos internos: los externos permiten establecer vínculos con otros textos fuera del propio texto, mientras que los internos, remiten a otros lugares dentro del mismo texto.

Además de las propiedades ya referidas, se debe destacar que en el entramado hipertextual se establecen conexiones no solo entre textos entre sí, sino entre textos e imágenes, textos y sonidos, textos y videos. De este modo se conforma un conjunto múltiple de medios al que se denomina también hipermedia.

Se puede encontrar un ejemplo de hipertexto que habilita a una lectura hipermedial si se sigue el enlace a través de esta imagen:  

Es una copia de la ventana de inicio del sitio de Susana Olaondo, a través de ella se recibe información visual y textual. En este caso los nodos son las cuatro palabras que aparecen a la izquierda de la imagen: datos biográficos, libros publicados, enlaces y contacto, además de la única palabra que aparece a la derecha: libro de visitas.

Se ofrecen cinco posibles bifurcaciones dentro de las cuales el lector deberá optar para luego cliquear la opción elegida lo que permite ingresar al sitio; allí se tiene acceso a un hipertexto de fácil manejo. Quien accede puede decidir sobre aspectos que en un texto tradicional eran potestad exclusiva del autor e incluso del editor.  

Autor y lector

Resulta importante destacar que, frente a este nuevo modelo organizativo, los conceptos de autor y de lector adquieren un nuevo estatus dado que se trata de producir y comprender un texto cuyo soporte real es el espacio virtual y su organización es «multilineal» o «multisecuencial», según expresiones de Avendaño (2005: 77).

El autor de un hipertexto al crear su obra puede determinar posibles caminos de lectura pero lo que no puede es establecer de antemano el camino de lectura que seguirá el lector. En este sentido Piscitelli señala: «El autor planea espacios alternativos a recorrer y el lector decide finalmente cuál o cuáles transitar» (2002:127).

Por su parte, el lector estará habilitado por la propia estructura del hipertexto a realizar un tipo de lectura diferente, a la cual se llama lectura hipermedial. En la lectura hipermedial el lector actuará libremente a través de distintas lexias. El texto al que podríamos llamar principal o núcleo ya no es el eje primario de la organización hipertextual, pues existirán tantos centros de lectura como lectores haya. La lectura hipermedial requiere un lector más activo para poder realizar trayectos de lectura productivos, pero también lectores que sean capaces de evitar la dispersión que puede ocurrir cuando se pierde el foco de motivación al leer.

Por otra parte, se debe considerar que los grados de participación del lector o los niveles de libertad para decidir las lecturas posibles determinan distintos tipos de hipertextos. Están aquellos en los que el autor establece varias posibilidades de lectura, en ellos el lector puede saltar de una lexia a otra con libertad. Los hay que son más rígidos aún que el texto tradicional, porque obligan al lector a recorrer caminos ordenados previamente. Ejemplos de este tipo de hipertexto son los formularios de inscripción o de evaluación predeterminados a tal punto que si no se completan todos los campos, el lector no puede avanzar. También están aquellos que, sin ser totalmente rígidos, tienen algún tipo de mecanismo que controla el avance de los lectores tal como la resolución de un problema o el dar respuesta a algunas preguntas. Las posibilidades de avance y retroceso están dirigidas por el autor, con una clara intencionalidad pedagógica.  

Rasgos caracterizadores del hipertexto

A modo de síntesis se pueden establecer los siguientes rasgos caracterizadores de un hipertexto:

  • La interconexión explícita de un texto con otros, lo que potencia el acceso a otras informaciones.
  • Las relaciones entre los textos son de tipo asociativo. Cada nodo permite al lector la posibilidad de elegir una red de experiencias de lecturas posibles por lo que se establece un grado débil de linealidad. Un nodo puede ser una palabra, un grupo sintáctico, una oración, un párrafo o un texto.
  • La organización en red de la información.
  • Un ambiente compartido por varios usuarios.
  • La ausencia de un límite definido: «[…] casi podríamos decir que están eternamente abiertos y que sus límites dependen, en última instancia, de las opciones que el lector- usuario elija» (Pajares, 2003:13).


Si se quiere profundizar sobre los conceptos de hipertexto, texto e intertextualidad, se sugiere consultar El hipertexto electrónico y la didáctica de la lengua.

 

Mtra. Claudia López y Mtra. Prof.a Ma. del Carmen Rodríguez