Este tipo de cuento se conoce también como cuento popular o cuento folclórico. A continuación se transcribe la definición que de este tipo de cuento hace el escritor español Antonio Rodríguez Almodóvar:

El cuento popular es un relato de ficción que solo se expresa verbalmente y sin apoyos rítmicos; carece de referentes externos, se transmite principalmente por vía oral y pertenece al patrimonio colectivo. Su relativa brevedad le permite ser contado en un solo acto. En cuanto al contenido, parte de su conflicto se desarrolla en forma de intriga y alcanza un final, a menudo sorprendente. Muchos cuentos se componen de dos partes o secuencias (si bien la segunda suele estar debilitada o perdida).
El sentido de los cuentos populares se aloja fundamentalmente en la acción. Sus personajes carecen de entidad psicológica individual, pero no de significado, que está ligado a la acción.
El ornatus o estilo, prácticamente no existe.

El cuento popular carece de autor por eso pertenece al patrimonio colectivo, es decir, que su creación no surge de un individuo en una situación histórica determinada. Por el contrario, el origen de los cuentos populares es muy antiguo y difícil de rastrear. Algunos especialistas defienden la hipótesis de un origen común que se remonta a edades prehistóricas y de un proceso posterior de difusión. Otros afirman la teoría del origen múltiple, basándose en pruebas etnográficas y en el principio de la unidad básica del pensamiento humano.

La relación entre cuentos tradicionales y escritura también es muy antigua. Según la investigadora Berta Vidal de Battini (1980): «El cuento egipcio de Los dos hermanos se tiene por el más antiguo de los conocidos. Se conserva en el papiro D'Orbiney del Museo Británico. Fue escrito para el hijo del Faraón por el escriba Ennana, hacia fines de la dinastía XIX (1220 a. de C.)».

El interés por recolectar y publicar cuentos tradicionales, tomando como fuentes las narraciones realizadas por narradores orales no letrados, surgió con mayor énfasis en el siglo XIX. Los Hermanos Grimm, Jacob Grimm (1785 - 1863) y Wilhelm Grimm (1786 -1859) en Alemania, o Afanasiev (1826 -1871) en Rusia son representantes destacados de ese movimiento. Sin embargo, el escritor francés Charles Perrault (1628-1703) se considera que fue el precursor, ya que publica un libro de cuentos tradicionales en el que figuran relatos como «Caperucita Roja», «Barba Azul» y «La bella durmiente».

En el siglo XX los investigadores continúan esta tarea. Munidos de sofisticada tecnología, recogen las versiones «al natural», sin intervenir ni un ápice en ellas. Berta Vidal de Battini (1900-1984) en Argentina o Yolando Pino Saavedra (1901-1992) en Chile son algunos de los muchos nombres de filólogos dedicados a esta tarea. Según Antonio Rodríguez Almodóvar, los cuentos tradicionales pueden clasificarse según su contenido y forma en:

En estos cuentos se construye una realidad fantástica o maravillosa. Sus personajes humanos —reyes, príncipes, mendigos, ancianos, princesas, etc.— conviven con seres sobrenaturales, como hadas, ogros o dragones. Se caracterizan por seguir un esquema fijo.

  • Cuentos de costumbres

En estos cuentos se construye una «realidad verosímil» para generar un discurso crítico moral colectivo. Muy a menudo tienen como referente al cuento maravilloso para burlarse de él.

  • Cuentos de animales

En estos relatos los animales actúan como los seres humanos. El grupo más nutrido de esta clase se construye como una crítica al poder. Esto se ve claramente en el hecho de que los animales domésticos ganan siempre a los no domésticos, los pequeños a los grandes, los astutos a los feroces, los herbívoros a los carnívoros, los voladores a los no voladores.

Una vertiente propia de la tradición oral y de la tradición literaria, es el cuento literario.

Lic. Ruth Kaufman