Bajo el título general de textos que persuaden se agrupan aquellos tipos de textos que tienen por finalidad influir sobre el comportamiento del otro. Así, por ejemplo, las funciones de un texto persuasivo pueden ir desde hacer cambiar la opinión de alguien sobre algo hasta persuadirlo de la compra de determinado producto. En este sentido, los textos típicamente persuasivos son los textos publicitarios.

Si bien el Programa de Educación Inicial y Primaria no explicita una categoría textos que argumentan, la lectura de sus contenidos puede sugerir que presupone a la argumentación como un sub-tipo de persuasión. En este sentido es interesante señalar aquí las diferencias que existen entre ambas.

En relación con la distinción entre la convicción y la persuasión, Perelman y Olbrechts-Tyteca (2006) señalan:

“Para aquel que se preocupa por el resultado, persuadir es más que convencer, al ser la convicción sólo la primera fase que induce a la acción. Para Rosseau, de nada sirve convencer a un niño…. (si no se sabe persuadirlo). En cambio para aquel que está preocupado por el carácter racional de la adhesión, convencer es más que persuadir….Para Pascal, al autómata es a quien se persuade, y entiende por autómata al cuerpo, la imaginación, el sentimiento, en una palabra, todo lo que no es en absoluto, la razón. (…) Nosotros, nos proponemos llamar persuasiva a la argumentación que sólo pretende servir para un auditorio particular, y nominar convincente a la que se supone que obtiene la adhesión de todo ente de razón” (2006: 65-67).


En base a estas observaciones, resulta conveniente desarrollar también el concepto de argumentación, en la medida que el objetivo general del Programa es la formación de ciudadanos críticos y reflexivos se hace necesario el trabajo con textos que apelen a la racionalidad de los estudiantes.


Mag. Sandra Román