El fenómeno del ritmo, sea una construcción humana o una ocurrencia natural, se pone de manifiesto a partir del momento en que percibimos patrones recurrentes, visuales o sonoros según el tipo de manifestación que estemos considerando. En este sentido se lo puede considerar como uno de los elementos paralingüísticos.

En poesía, particularmente, el ritmo implica reiteración de sonidos. El verso que se repite con una medida específica, las pausas, la distribución de acentos que cargan sobre una misma sílaba una vez y otra, la rima que retoma un grupo de fonemas son todos elementos que contribuyen a la conformación del ritmo en un poema.

La sujeción del poema a la construcción del ritmo tiene consecuencias a nivel sintáctico y semántico. Las estructuras sintácticas se someten a los requerimientos de la versificación al punto de llegar a dislocarse en relación a la que sería la organización sintáctica corriente. Esto puede observarse en los primeros versos de la Égloga I de Garcilaso:

El dulce lamentar de dos pastores,
Salicio juntamente y Nemoroso,
he de contar, sus quejas imitando;
cuyas ovejas al cantar sabroso
estaban muy atentas, los amores,
(de pacer olvidadas) escuchando.

Garcilaso, Égloga I.

Mientras tanto, el ritmo también cobra relevancia en la medida en que viene a reforzar el contenido semántico del poema. En los siguientes versos, Amado Nervo despliega la metáfora del galope equino aplicada al verso dodecasílabo y a su particular sonoridad. Obsérvese de qué manera en la última línea citada el ritmo que imprime el verso de doce sílabas y la distribución regular de los acentos produce el efecto sonoro del galope reforzando así lo que se expresa de forma explícita en las palabras.

El metro de doce son cuatro donceles,
donceles latinos de rítmica tropa,
son cuatro hijosdalgo con cuatro corceles;
el metro de doce galopa, galopa...


Eximia cuadriga de casco sonoro
que arranca al guijarro sus chispas de oro,
caballos que en crines de seda se arropan
o al viento las tienden como pabellones,
pegasos fantasmas, los cuatro bridones
galopan, galopan, galopan, galopan...


Nervo, El metro de doce.


Prof.a Alejandra Galli