Administración Nacional de Educación Pública

banner

Una herramienta de comunicación de la Administración Nacional de Educación Pública

Articulos

Los jóvenes, las adicciones y los problemas de aprendizaje

adiccionesLas adicciones en los adolescentes provocan retrasos en los aprendizajes, deserción, rezago, estigmatización y marginación, según lo consignado en un informe elaborado por el Observatorio Uruguayo de Drogas.

Durante un encuentro celebrado en el salón de actos del Edificio Libertad, cuya organización estuvo a cargo de la Junta Nacional de Drogas y el Programa Ser Libre, especialistas en la materia realizaron un pormenorizado diagnóstico de situación en torno a los indicadores, los patrones de consumo y sus consecuencias en estudiantes de centros de Educación Secundaria.

Ante un auditorio integrado por docentes, médicos y representantes de organizaciones que trabajan en la lucha contra las adicciones, el Director del Observatorio Uruguayo de Drogas, sociólogo Héctor Suárez, explicó que el proyecto incluye a seis países que trabajan mediante una misma metodología, y que se estudia no sólo el aspecto epidemiológico, sino también los factores de riesgo que están implícitos.

En el caso de Uruguay, analizó la última investigación de campo realizada entre 2003 y 2005, que arroja datos singularmente reveladores. Recientemente, culminó el trabajo correspondiente al período 2005-2007.
El expositor explicó que el consumo, en todas las edades, es un proceso, recordando que existen los consumidores regulares y los ocasionales, y resaltó “que los no consumidores también están implicados, porque son los que estigmatizan o toleran”.

Prevención temprana

adiccionesEl estudio, que trabajó sobre más de 8.000 encuestas efectivas realizadas a estudiantes de entre 13 y 17 años de liceos públicos de todo el país, permitió confirmar que la adicción más difundida sigue siendo el alcohol.
En este aspecto, se estableció que el 80% de los jóvenes encuestados aceptó haber ingerido bebidas alcohólicas por lo menos una vez en su vida. En tanto, el 67% consumió durante el último año y un 51% en el último mes.
Según el especialista, estos guarismos indican que más de la mitad de los jóvenes encuestados ingiere alcohol. Sin embargo, lo más preocupante es que la mitad de quienes admitieron el consumo regular, padecieron episodios de borrachera e intoxicación.
Respecto al tabaco, Suárez informó que la encuesta permite establecer que uno de cada cuatro consultados lo consume. Explicó que, en este caso, la dimensión del problema debe ser analizada por edades y por sexo, porque existen diferencias que resultan relevantes.

Añadió que, en este segmento etario, la mujer consume bastante más que el hombre “La buena noticia con respecto al tabaco, es que en el período estudiado se constata un descenso en el consumo, explicado, básicamente, por la no incorporación de más hombres jóvenes al consumo, aunque las mujeres mantienen los niveles”, señaló el especialista.
Respecto a la marihuana, un 12% de los adolescentes encuestados manifestó haber experimentado alguna vez con esa sustancia. No obstante, en los jóvenes de 17 años, ese porcentaje crece a más de un 30% y un 6% consume con regularidad.
En este caso concreto, existen diferencias por edad, por género y entre la población consultada en Montevideo y el Interior.

Si bien entre 2003 y 2005 la experimentación no aumentó significativamente, lo que sí se incrementó fue el uso habitual de esa sustancia adictiva. “De cada dos chicos que experimentaron, uno siguió consumiendo”.
Según el Director del Observatorio Uruguayo de Drogas, el resto de las sustancias indagadas, incluyendo la cocaína y la pasta base, es absolutamente marginal.
“La pasta base está centrada en otro segmento, que es el que no concurre a los centros educativos. Aunque hay presencia de ella en los liceos, es muy difícil que un adicto a la pasta base cumpla con los requisitos del sistema de educación formal”.

Al tiempo de recordar que el trabajo de campo se realizó sobre la población que efectivamente asiste a clases que alcanza al 60% de la franja etaria estudiada, el sociólogo Héctor Suárez admitió que se desconoce si el restante 40% -que está fuera del sistema educativo- padece algún tipo de adicción.
El expositor afirmó enfáticamente, que es menester instrumentar estrategias preventivas tempranas antes de los 15 años. Incluso, en su opinión, para el caso de las drogas legales, la prevención debería comenzar durante los últimos años del ciclo escolar.

Problemas de aprendizaje

Por su parte, el Presidente del Programa Ser Libre y técnico del proyecto Rutas de Salida del Ministerio de Desarrollo Social, Ismael Piñeyro, se refirió concretamente a la negativa incidencia de las adicciones en la escolaridad de los adolescentes.
Al tiempo de aclarar que no todos los comportamientos problemáticos son consecuencia de las conductas adictivas, el especialista explicó que los consumidores tienen problemas en su rendimiento curricular, son agresivos y tienen tendencia a una vida caótica y desordenada.

“Los jóvenes adictos son, a diferencia del resto, obsesivos, compulsivos, egocéntricos, defensivos y confunden sensaciones con sentimientos”, puntualizó Piñeyro, quien afirmó que se trata de “una enfermedad crónica y progresiva, pero recuperable”.
Respecto a la incidencia del consumo de sustancias adictivas en el proceso de aprendizaje, el técnico indicó que se padecen lagunas mentales, falta de concentración y pérdida de memoria, trastornos del sueño, agotamiento, descuido en el aseo personal y problemas alimenticios.

A nivel emocional, es muy frecuente el denominado síndrome amotivacional, ligado particularmente al consumo de marihuana, que puede producir irritabilidad, represión o hiperactividad, apatía, desinterés y baja tolerancia a la frustración.
Piñeyro explicó que otro de los problemas es la automarginación, la vergüenza, el miedo, los estados paranoicos, los problemas de integración, la pérdida del sentido de pertenencia y hasta el robo.

Este conjunto de síntomas incide particularmente en el rendimiento académico, por el no cumplimiento de las tareas curriculares, la irregular asistencia a clase, las reiteradas llegadas tarde, las frecuentes ausencias, la deserción y hasta la expulsión del centro educativo.