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Experiencias

El mal-estar docente (abordaje de una crisis)

María Rosario Molteni
Prof. Ana María Scala

Resumen

En dos liceos públicos de Montevideo se realiza una experiencia en la que se explora en la Coordinación de Centro el problema del malestar docente desde una perspectiva psico-pedagógica. Se trabaja desde lo institucional en equipos de docencia indirecta, abordando la coordinación como espacio de intercambio, de consulta y seguimiento personalizado desde el ámbito psicológico y pedagógico.

El trabajo mancomunado mejora el clima institucional, la convivencia y permite mejores resultados académicos e innovaciones. La propuesta apunta a lograr coherencia y unidad entre los docentes para desarrollar la resiliencia institucional y personal. Este trabajo permitió cuestionarnos sobre cambios que afectan tanto a la psicología como a la educación, marcando las dimensiones o variables que los delimitan.

Hay que tener en cuenta que, después de la familia, el profesor es la persona más influyente en el éxito de los estudiantes, con independencia del nivel socioeconómico de éstos. Así advertimos que todo el hacer educativo está orientado fundamentalmente hacia el educando y sus problemas, y que se relega al educador y sus múltiples realidades, a quien se le brinda solamente herramientas para su “competencia técnica”.

La acción mancomunada del psicólogo y del director favoreció mejores condiciones de trabajo, así como el fortalecimiento de los vínculos y una adecuada comunicación. Esta contención redundó en unas mejores condiciones de trabajo que hicieron posible un mayor entusiasmo en los docentes y el surgimiento de propuestas pedagógicas creativas.

Palabras clave

Malestar docente, crisis, sostenimiento docente, experiencia grupal, fortalecimiento de los vínculos.

Introducción

La presente experiencia se llevó a cabo en dos centros educativos públicos de Enseñanza Secundaria de Montevideo , desde una perspectiva psico-pedagógica, con diferencia en el tiempo, con el mismo equipo y con algunas características similares en los procesos. Desde una gestión integrada de la Dirección del liceo y una psicóloga se logró la aplicación de estrategias de contención para la comunidad educativa. Se contó con docentes guías y con el compromiso y la profesionalidad de los principales docentes-referentes.

Esta experiencia exploró un problema medular que afecta al docente uruguayo en su ser como persona y en su hacer como educador, buscando la participación de los protagonistas del problema como agentes activos de las posibles soluciones.

Observando que en este milenio las acciones individuales balcanizan las grupales, abortan los intentos de mejorar el clima y la relación escolar, la clave de la experiencia estuvo en proponer la construcción colectiva de nuevas estrategias de trabajo.

Fundamentación

Las instituciones educativas uruguayas se enfrentan, desde hace mucho tiempo, a múltiples desafíos que alteran la cultura de colaboración, por lo que el educador necesita crear nuevas herramientas, reconstruir las ya existentes, tener nuevas miradas y superar las comunicaciones paradójicas que el Estado educador le envía.

¿Por qué se dice?: “no tenemos tiempo de hacer, me siento agredido y/o ignorado, antes se me hacía más fácil, me siento en un enfrentamiento, me frustro, no sé como conmoverlos, no puedo más…” . El malestar docente, el estrés y el síndrome del quemado (burnout como modelo explicativo) son asuntos reales de nuestros colectivos docentes. Por lo particular de su rol en la sociedad, los docentes se ven afectados desde una multiplicidad de ángulos que incluyen aspectos de un complejo mal-estar.

Coincidimos con Esteve en que el síndrome del estrés no es simplemente un signo de enfermedad, sino la expresión de un grave conflicto, manifestación de un desequilibrio entre las demandas que recibe el educador y su capacidad de respuesta.

Convergen en este trabajo el resultado, tanto de experiencias comunes como individuales, el análisis y la comprensión de un fenómeno observable y en crecimiento: el desvalimiento docente. La experiencia realizada se fue nutriendo de las voces de múltiples docentes que con sus interrogantes, frustraciones, impotencias y satisfacciones fueron sustentando la percepción que se tenía de la necesidad de holding.

Al decir holding (sostén, columna, puntal) estamos recurriendo a formulaciones realizadas por el psicoanalista inglés D. W. Winnicott sobre la necesidad que tiene el bebé, para su constitución como sujeto, de la madre, como el medio ambiente posibilitador que apuntala el vínculo afectivo.

El término vínculo en francés —lien— se remonta al latín ligare, así como en inglés link proviene de linke. En español tiene su origen en el latín vinculum de vincire, atar, y remite a la idea de unión o atadura de una persona o una cosa con otra. La definición sugiere la idea de una relación estable.

¿Por qué relacionamos estos términos: sostenimiento, vínculo, atadura, estabilidad? Como la pobreza crítica deja a muchas madres incapaces de sostener a su bebé, lo cual le provoca inseguridad, la compleja e incierta realidad de nuestras instituciones educativas engendra en muchos docentes desaliento y desesperanza.

La elección del trabajo grupal como "vía regia" para la modificación de las tramas vinculares de la convivencia se basa en el origen grupal del psiquismo. En tanto el sujeto nace psíquicamente a partir de lo vincular, a lo largo de la vida su psiquismo se sostiene en múltiples apoyos grupales.

Descripción de la experiencia

Se trabajó desde el ámbito de la Coordinación de Centro (reuniones remuneradas), como espacio de intercambio, de consulta y seguimiento personalizado. Allí se situaron los profesores, con sus capacidades, su sentido creativo y crítico, conjuntamente con las problemáticas que la institución vive. Esta fue una oportunidad de hablar sobre lo que les ocurría: los conflictos, la frustración, el querer y no poder, al mismo tiempo que la esperanza, lo posible.

El grupo fue capaz de romper ese malestar difuso, no quedándose en la catarsis, sino proponiendo nuevas respuestas, creativas e integradas, para hacer frente a los nuevos problemas. En el transcurso de nuestro trabajo fueron surgiendo, a través de los talleres, algunos elementos que tomamos para cotejarlos con dos estudios de investigación comparada .

Algunos de los contenidos confrontados en las experiencias grupales refirieron a los cambios rápidos y profundos de la población atendida (pobreza crítica, violencia familiar, alumnos difíciles y padres permisivos, familias sin sostenimiento, carencia de figuras parentales y de límites) y a la falta de preparación de los docentes para enfrentar estas situaciones sociales conflictivas.

Otro aspecto considerado fue el deterioro de la imagen del docente y de su rol (visto por los alumnos y sus familias), la desvalorización de lo educativo, el retraimiento de la familia en sus responsabilidades formativas y su desplazamiento a la institución.

También se reflexionó sobre los problemas del sistema educativo (explosión de la matrícula estudiantil, carencia en la infraestructura y aulas masificadas), que constituían elementos de distorsión, expresaban un conflicto y no eran tomados en cuenta para su resolución.

Se insistió en los problemas de coordinación entre los miembros de la institución educativa, así como en la falta y/o insuficiente reflexión sobre la tarea, que generaba una falla clara en la motivación y en la creatividad.

Asimismo, aspectos relacionados con la figura del docente —las características de personalidad del educador, etapa de su ciclo vital, los sucesos vitales estresantes personales, la carencia de sostén familiar social que en ocasiones presenta, el multiempleo que debe sufrir para compensar la depreciación del salario— fueron otros de los emergentes explicitados.

El docente está dentro de una crisis. Esta idea se asocia al concepto de ruptura de un modo ya repetido y conocido de afrontar las dificultades, pero también supone una oportunidad.

¿Qué es una crisis? Se la define como un cambio brusco y decisivo en el curso de un proceso. Conlleva una profunda amenaza vital para la integridad del sujeto, genera un sentimiento de angustia que funciona como una señal de alarma, que moviliza medios de acción para la supervivencia, es decir, para el funcionamiento de nuevos comportamientos reguladores.

Las crisis irrumpen cuando los apoyos que actúan como reguladores de malestares fallan. La hipótesis que proponemos pretende significar que toda formación psíquica está multiapoyada, es decir, la readaptación transformadora de lo apoyado por lo apoyante, en un espacio intermedio de apoyatura. Se trata no solamente del espacio de contacto y de protección entre el psiquismo y su apoyo, sino también de semiaberturas entre los soportes mismos. La relación madre-bebé-padre puede ser descripta de esta manera e incluso la pareja y la relación pedagógica.

Si entendemos como salud mental “la posibilidad de lograr un relativo bienestar en el que el sujeto funcione en el mejor nivel de su capacidad mental, emocional y física ante la variedad de situaciones favorables o adversas que le toque vivir” , no deberíamos dejar al docente sin el apoyo necesario para poder sostener la tarea educativa-formativa que va más allá de lo curricular. A partir de esta estrategia de sostenimiento docente aparecen las dimensiones humanas, la posibilidad de sentirse compartiendo saberes y sentires, lo cual favorece las condiciones de trabajo, el fortalecimiento de los vínculos y la comunicación.

Integrada a esta estrategia fue abordada la construcción de propuestas pedagógicas y proyectos educativos. El Proyecto de Centro y de Aula guió el hacer del colectivo docente, fue dialogado, reformulado y apropiado por los involucrados, desde un espacio y un tiempo privilegiado: la Coordinación de Centro.

Si bien alumnos y docentes deben ser atendidos por igual, es el profesor el “motor” impulsor de innovaciones y cambios que permite una dinámica “transposición didáctica”. Se ha señalado que el “centro” de toda institución educativa es el “alumno”, y sin duda lo es, pero no se le ha dado la misma consideración al lugar del docente. Es él quien como factor humanizador deberá hacer posible aquello de “formar integralmente al educando”.

En este sentido, la acción educativa se asemeja a una mesa de tres patas, en la que los tres elementos del triángulo didáctico (alumno-docente-conocimiento) son esenciales. Cuando uno de ellos se debilita, el aprendizaje significativo no se puede sostener y se derrumba, al igual que la mesa. Este triángulo pierde su razón de ser.

¿Cómo se vuelve a restablecer el equilibrio que sostiene esos tres elementos? Creemos que no hay respuestas únicas ni recetas a aplicar. Lo vemos como un trabajo artesanal de construcción participativa, en un diálogo que: respete las individualidades del docente como persona; apuntale la cimentación de aspiraciones colectivas como educadores; analice y valore las características diferenciales de los diversos contextos educativos en la que los docentes deben operar; analice las características de los cambios que afectan los docentes, alumnos, familia e institución educativa; analice los obstáculos, retos y peligros que los delimitan y pondere algunas vías de actuación que pueden aminorar el impacto de las dificultades y favorecer el ajuste a las nuevas situaciones, y exija a los educadores una autocrítica y actitud humilde consigo mismo y frente a sus colegas (no temer a exponerse).
El sentido que anima estos grupos es el de aportar una herramienta útil que ayude a integrar todos esos aspectos de índole emocional y psicológico que dificultan la tarea de enseñar. El trabajo grupal resulta ser un marco óptimo para compartir diferentes aspectos del crecimiento personal y en él se aportan orientaciones precisas y específicas para cada persona. Somos grandes desconocidos para nosotros mismos, entre otras cosas porque hemos sido adiestrados desde los modelos socialmente imperantes en poner nuestra atención en el exterior, en la consecución de logros materiales y muy poco en interiorizar, en descubrir cómo somos y lo que somos en profundidad. Nos acercamos con los otros con un bagaje más o menos amplio de conflictos emocionales no resueltos, de tendencias psicológicas apenas intuidas y mucho menos comprendidas y con un conjunto de ideas erróneas sobre nosotros mismos y los demás que nos limitan, y nos hacen sufrir.

Conclusiones

El impacto que conlleva el nuevo marco globalizado del mundo actual está induciendo a una profunda revolución en todos los ámbitos sociales, lo cual supone nuevas formas de ver y entender el mundo que nos rodea. Obviamente, todo ello tiene una fuerte repercusión en el área educativa.

La manera de prevenir riesgos (por ejemplo el síndrome de burnout) y enfrentar la anomia social que se “filtra” en las instituciones educativas es recurrir a la experimentación creadora de nuevos estilos de relación y de expresión, al juego de antagonismos, desarrollando la capacidad de respuestas.

Pensamos que la clave esencial de la resolución de esta problemática está en la intervención sobre tal desequilibrio (individual y colectivo), que supere este estancamiento que hace infeliz al ser y al hacer docente y promueva un equilibrio emocional.

El trabajo en equipo, el compromiso e interés en lo educativo, los objetivos y metas compartidas, el seguimiento y evaluación de los procesos permitieron un discurso y una acción coherentes de los adultos involucrados. La contención del educador favoreció el bienestar docente, facilitó el mejor encuentro del par educando-educador y posibilitó el sostener a los alumnos.

La experiencia de apuntalamiento facilitó diversos cuestionamientos, innovaciones y desafíos. Esta contribución significativa, aunque acotada, nos permitió visualizar todo lo que queda por hacer aún: en lo académico, en lo institucional, en lo docente. Se demostró así que no alcanzaba quedarse solamente en la catarsis y que existía una imperiosa necesidad de los docentes de reflexionar sobre lo que vivían y sentían.

A pesar que existe una severa limitación y dispersión de los recursos, consideramos que deben acontecer, en nuestro país, iniciativas aisladas que posibiliten este tipo de prácticas. Sería saludable que experiencias como estas —que existen— se extendieran y sistematizaran para contribuir a la prevención del mal-estar educativo y favorecer el bien-estar.

Aquí está el compromiso del Estado y la sociedad toda.

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