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Proyecto edilicio de Escuela Nº 55 de Cebollatí fue distinguido en Bienal de Arquitectura de Quito

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La escuela Nº 55 de Tiempo Completo de la localidad de Cebollatí, departamento de Rocha, fue distinguida por la XXI Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito en su edición 2018. En ese contexto, el proyecto arquitectónico fue seleccionado, en la categoría Rehabilitación, para ser incluido en publicaciones especializadas de difusión masiva.

El premiado proyecto se concretó en 2016, cuando se inauguraron oficialmente las obras de ampliación y acondicionamiento que permitieron transformar al centenario edificio en una construcción adecuada al desarrollo de una propuesta pedagógica inclusiva, acorde con el paradigma de las escuelas de tiempo completo.

El reconocimiento, que fue otorgado por los arquitectos en la categoría D nominada como Rehabilitación Arquitectónica, se fundamenta en la valoración de la mejora en las condiciones del local escolar, por las obras de ampliación ejecutadas.

Al respecto, el informe explica que los proyectos seleccionados, entre los cuales se incluye el de la escuela Nº 55 de Cebollatí, presentan un importante entendimiento del contexto histórico construido y abren un campo de discusión sobre los diferentes caminos existentes en el hacer de la rehabilitación.

La arquitecta Carmela Graña, que es la profesional responsable del programa de ampliación y readecuación del centro educativo, fue quien presentó la propuesta en el ámbito de la XXI Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito.

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Una nueva realidad

Ubicada en un predio frentista a la plaza, la escuela, que tiene una matrícula de 200 alumnos desde el nivel inicial hasta 6º año, es una pieza clave del entramado social de fuerte acento inclusivo.

El edificio original, que data de 1911, consta de cuatro aulas y vivienda para el director. A los efectos de adecuarlo a las exigencias locativas de la evolución del proyecto pedagógico, tuvo varias adiciones que, en el momento de la  intervención edilicia, se encontraban en mal estado de conservación. Por tal motivo, se tomó la decisión de demolerlas, manteniendo únicamente la construcción original y el volumen que aloja el comedor y servicios anexos.

Generando un patio protegido entre las construcciones y abierto hacia el nuevo acceso a la escuela, se erigieron cuatro aulas nuevas y baterías de servicios higiénicos para alumnos, incorporando una galería abierta que opera como conector entre los volúmenes, tanto físico como formal.

Por su parte, Las aulas alojadas en el bloque histórico ahora se abren al patio en aberturas integradas al diseño de muebles, que buscan aportar color y recuperar la escala del niño, procurando -mediante la permeabilidad visual- una mayor integración entre ambientes interiores y exteriores e incrementar la iluminación y ventilación naturales.

Dos de estas aulas fueron acondicionadas para alojar grupos de preescolares, adicionándose un baño de uso exclusivo que se materializa como un volumen adosado, revestido en piedra laja. Estos volúmenes se repiten adosados a las otras dos aulas y con acceso desde el patio, generando un ritmo que acompaña el de las chimeneas de las estufas a leña.

La ampliación, si bien toma distancia de la formalización típica de la construcción rural con cubierta liviana a dos aguas respetada en el edificio original, dialoga con las preexistencias y presenta muros de mampostería revocados en las aulas y revestidos con piedra laja en los servicios higiénicos. 

Asimismo, el diedro conformado por la cubierta y el cerramiento al oeste procura reafirmar la condición del espacio interior como refugio.

Proyecto edilicio de Escuela Nº 55 de Cebollatí fue distinguido en Bienal de Arquitectura de Quito